"El único lugar maravilloso para escribir una historia de amor... ...es el corazón. Tanto sea con la intensidad de cada acto de fe con se viva..."
Cuántas veces has deseado alcanzar las estrellas, acariciarlas con el suave roce de tus dedos como si fuesen brisa en el amplio mar del cielo y de ahí..., de ahí cuántas veces más te has dado cuenta que cuando ellos nos invitan a viajar por el sol, la luna y las estrellas, te descubres en el mismo universo, en el de ellos... Y es que sí, tan imperfecta... que por mis propias decisiones y mis propios defectos, me separé del mundo, porque de pronto te percatas que no cabes en una sociedad por una forma de ser o de pensar. Yo, por ejemplo, que no acepté el mismo estilo de vida de las chicas, de ir por la vida conociendo de hombres, me marginaron o me marginé y en mi penitencia, el no poder tratar con nadie, porque sigo pensando que si ante la mirada de ellos, puede sonreír nuestra niña interna, saltar, bailar, girar y jugar..., qué más da no caber en el mundo si ya nos hallamos en el más bello, el de ellos...
Y sí, tan imperfecta... Que cuando intentas correr, escapar y huir del mundo ante la más mínima agresión, siempre, siempre está ése cálido abrazo..., sus brazos, con la magia de envolver hasta quitarte el miedo... y para eso..., para eso, no se necesita de ninguna experiencia, de ninguna, sólo dejarse envolver por seguridad que nos es brindada... Aunque tengas un defecto congénito en las cuerdas bucales... Esconderse del mundo, sí... pero siempre vivir en una sola mirada, en la de él... Y no, para eso no se necesita ir acumulando experiencias de nada, y qué más si no cabes en el mundo, cuando el universo mismo es él...
Qué es la vida sino un suspiro alado de sueños. Qué es la vida sino un mar de lo que forjamos. Qué es la vida sino ése camino que anhelamos. Qué es, sino escribir en vida nuestros recuerdos... Y de la vida amor, de mi vida..., quiero vestir de caricias tu mirada. Bailar un sueño la sonrisa del vuelo vaporoso de mis piernas desnudas. Al aire, con el viento jugando con mi cabello, mientras me sorprende tu mirada, ¿recuerdas amor...? Y terminar dejándome caer para rodar en aquella pradera donde al final me encontré en tu mirada.
Porque si la vida es un sueño quiero vivir en la realidad de tu mirada, en ése pedacito donde sé es eternidad. Si la vida es un sueño en la curva de mis hombros desnudos quiero ser tu más bello despertar. Y es que tu mirada es el lugar más pleno para escribirte de amor. Porque, qué es el amor sino hacer bellos recuerdos en tu corazón.
¿Alguna vez te has detenido a acariciar la suavidad de la vida que queda impregnada en un hálito en el cristal...? Sin reparar, mientras mi mirada se extraviaba en sueños, anhelos y añoranzas, un latido cual suspiro se plasmó sobre el cristalino. Y sin más acaricié sutilmente ése aliento de vida, ése soplo de sueños... Una caricia..., acariciar un tenue suspiro, un momento, un instante, un deseo y es que, cuánto sentimiento guarda un latido del corazón. ¿Alguna vez has sentido la eternidad que habita un suspiro...? Y es que en un instante de un soplo de vida hay un eterno momento.
Tan suave, etéreo..., tan tenue el aliento y tan eterno en un beso. Cuánto anhelo acaricié en un instante de querer ser consumida en la intensidad del huracán de tus besos, cada aliento de mi vida. Tan frágil y etéreo un suspiro y con qué fuerza, en un hálito se sostienen todos mis sueños. Si alguna vez mi mirada fue reflejo de mi corazón, fue en ese momento, cuando un suspiro se impregnó en el cristal...
Dicen... Que desde que tú entraste a mi vida dejé de ser yo. Que me olvidé de toda razón. Y que sí sé de mí, sólo es para ser en ti. Y es que sucede, que tú llegaste con tal descaro y sin permiso a adueñarte de todo. Culpan mi inexperiencia, de haber huido siempre. Se puede escapar de todos, mas, de la firmeza y determinación de un hombre no hay huida alguna que valga. Dicen... Que mi camino sólo lo gobiernas tú. Que pareciera decidí ponerme una venda. Una venda en la que tú me has sujetado. Que te apoderaste de cada sentido de mi ser. Y que te he catapultado más allá de un héroe o un dios mitológico. Pero cómo no serlo, si en mi realidad has conquistado todos mis sueños.
Y dicen... Dicen, que soy culpable de mi enajenación por no haber querido conocer más experiencias. Que si hubiera conocido más, los entendería para que no fueras mi única razón.
Que mi mundo eres tú donde la extraviada soy yo. Que has absorbido cada parte de mí. Por mi inexperiencia... Sí, eso dicen y así me ven. No tengo lugar en ellos y cada vez me alejo más. Y es en tus brazos que encuentro mi mundo.
Y yo sólo les miro callada con infinidad de preguntas, en cuanto explayan cada detalle de su alma en sus palabras y en su vida. Y les miro en silencio, en sigilo... ¿Dónde quedaron ellos que anteponen sus propios caprichos a sus parejas...? Si vivir una vida de amor trata de lastimar a la pareja, no la quiero. Si perdí la razón porque tú gobiernas mi mundo, lo prefiero... Y mientras el mundo dice, yo sólo escucho y sonrío cada vez que siento el eco de tu voz en mi corazón diciéndome que, soy tu impulso más genuino y que soy tu corazón... Y es que sucede que mi camino lo elegí contigo. Por que fue por ti, que descubrí toda la magia que existe en el universo de un: "Te Amo..."
Shhh... guarda silencio navegante de altos vuelos, que de tu gallardía es quien encanta suaves melodías en el palpitar de la bella luna y se haya enamorada de ti... Shhh... mírame amor mío que de tersas alas blancas he vestido suspiros en cantos, enarbolados en mares desde el nocturno de mi cabello... en mi corazón, tu Noche...
Y deja sirena corazón luna, que lates y murmuras el suspiro suave de su amor, dile palpitas emanas enamorada de él... Shhh... qué son las notas de cristal sino el conjuro cristalino del elixir del canto de tu sirena... Shhh... y qué si las miras, que sea el mar de la sirena las notas del embrujo nocturno reflejo puro del lienzo de la Noche... Corazón luna, que lates y murmuras el suspiro suave de su amor, dile que de tus negros cabellos emanas enamorada de él... Shhh... navegante de grandes vuelos, que es la Noche, esa sirena en su vaivén sumergida en la intensidad profunda del mar azul de la mirada del Astro Rey... Shhh... escucha corazón... desde alguna estrella al final del horizonte, tu sirena...
Había una vez, una niña que nació en una familia común, como la mayoría de todas las familias, nada especial en la sociedad, pero sí especial para las personas más importantes, sus padres. Y con todo lo común y normal creció, se educó y se formó con la sonrisa y el abrazo de papá y de mamá.
Mamá hacía lo que cualquier madre, atender las labores del hogar, cocinar, zurcir, ver por las tareas de sus hijos, sentarse a estudiar con los pequeños, mientras papá se dedicaba al trabajo y llegar a casa con una sonrisa a pesar del cansancio y, con todo papá y mamá se daban tiempo de jugar con sus tres hijos. Y así creció la pequeña entre su abrazo, desvelos de ambos padres durante las enfermedades y la lectura nocturna antes de dormir, los juegos de la imaginación y los avatares o vicisitudes por los que cruzaban para tener siempre el sustento del hogar.
Cuando la pequeña leía los cuentos que dejaban de tarea, mamá siempre la escuchaba mientras le cepillaba su largo y oscuro cabello: «Sabes hija, los príncipes SÍ existen y lo habrás de reconocer porque será el único que rompa muros y cruce océanos y fronteras por ti». Y de un beso en la frente acostaba a su pequeña.
Pero también la niña creció con la restricción y los «NOES» de papá:
«No puedes esto...».
«No harás aquello...».
«No fiestas, no reuniones, no excursiones, no pijamadas, no lunadas, NO, NO, NO».
—Pero, si mis hermanos pueden, por qué yo no. —Porque aun eres muy pequeña para entender y comprender el mundo.
Aun así, ella creció en su propio mundo, feliz porque estaba rodeada del cariño y del amor de sus padres y de su familia. La vida social no faltaba porque era familiar y aunque sus amigas del colegio sí asistían a sus cumpleaños a pesar de que tampoco entendieran los motivos por los que a ella le eran prohibitivos, no importaba. Además para qué preocuparse en entender cuando en el hogar no hacía falta nada.
Conforme fue creciendo, sus padres le mostraron que sus mejores amigos siempre los tendría en ellos, para cualquier duda, para cualquier situación o simple nimiedad; siempre, siempre serían ellos. No había nada que una amiga de su edad pudiera enseñarle cuando eran de la misma edad. Sólo los adultos y unos cuantos, pero más, sólo sus padres.
Si ellos le decían que su única ocupación debía ser dedicarse al colegio y disfrutar de lo que ellos le daban, lo hacía sin dilema alguno.
De un mundo de felicidad, de pocas preocupaciones y formada y educada en un colegio de mujeres al paso de la universidad y ante sus ojos, novedades; sus padres se hicieron aún más cercanos a ella, pero brindándole la oportunidad de algunas libertades.
A una nueva etapa también nuevas dudas. Pero tranquila que papá y mamá, sus mejores amigos, siempre estarían con ella o al menos eso pensaba y con esa creencia finalizó sus estudios universitarios, hasta tiempo después que papá tuvo que enfrentar su propio enemigo siendo vencido por él, para no verlo despertar jamás. Se iba para siempre el hombre que le había dado la vida, el que la vio nacer y crecer ante sus ojos, el que le decía: «Mi Princesita». Y es que todas nacemos siendo princesas a la mirada de las personas más importantes de nuestra vida: Nuestros Padres.
Esa partida habría de afectar sus vidas y sí, la vida continúo porque así es, y sin saber cómo ni cuándo y comprendiendo un poco más del mundo, sola se encerró en su propia «Torre más Alta» y así caminó con ella, pues de las decisiones efímeras y equívocas del ser humano se quería alejar y de esta manera escapando y huyendo no permitió que varón alguno se acercara y sin darse cuenta, en ese momento también arribó su propio dragón: «Su Dragón de sus Temores e Incertidumbres», fiel custodio de esa torre y que seguramente No habría Príncipe que pudiera derrotarlo para rescatar a la princesa. Pero tampoco importaba porque qué prisa habría si ella estaba tranquila. Y es que sucede que no necesitamos de torres ni dragones materiales cuando solas nos encerramos, por decisión o convicción, certera o equivocadamente.
Pero en su caso, ella, tras haber vivido el gran amor que había visto de sus padres, decidió guardarse para aquel caballero que llegara a ella. ¿Pero cómo derribas un dragón si ante el mínimo temor aparece custodiando la torre? Tendría que ser muy necio o determinante.
De pronto, un valiente y gran caballero llegado de «Tierras Lejanas» apareció en su vida, nombrándola: «Noche», por el negro de su cabello. Con firme decisión entró en su mundo y al darse cuenta la princesa, también fue determinante, o era él o era ella y, emprendió nuevamente su huida. Porque el latir del Corazón de la Noche, la Luna; lo protegería de ese osado arrogante y soberbio caballero o al menos eso creía...
Esta es la historia de como los príncipes sí existen y sólo lo sabemos y me entenderán quienes hemos crecido con la bondad y el amor paternal, donde no dudo que a ninguna no nos hayan dicho Princesas, nuestros padres. Y al final, reconocerás al Verdadero Príncipe Azul, a ese caballero que siempre se dirige con respeto a las demás mujeres. Porque después de todo, como sea el trato con ellas, lo será contigo.
Y en esta historia, la princesa vive su «Para Siempre y más allá del Final de Todos los Tiempos», con su Príncipe Azul. Yo, sí creo...
TE AMO. Y siempre agradeceré el día que llegaste a mi vida...